Wednesday, May 20, 2015

Eco de agua

   



Eco de agua






Solía decir la llaneza de las cosas,
las de la carne hechas de caricias,
las de suaves tulipanes y narcisos,
la del leño en fuego,
las de humedad de jungla
y esas sin cordura que son de sangre
y hacen temblar la compostura
cual si fuera el de un ramaje
por entero estremecido.
A veces susurraba un horizonte solitario,
otras acercaba el arrebato del gentío,
en ocasiones su páramo nostálgico
con algo del verdor de los caminos.
Germinaba en él un tono de mañanas,
hablaba las ideas sin resistir el ruido,
logrando la fuerza abierta del oleaje
y el bullicio del rumor en mis oídos
que en revueltas se iniciaba entrañable
con la ya existencia del recuerdo mío.
Contagiaba alguna rebeldía a su vocablo
al compartir lo clásico de la vida;
símbolos de ajenas circunstancias
que logré guardar en mis sentidos
para revivir la convergencia de palabras,
unas con otras en giratoria algarabía,
hasta que tomaron un rumbo de infinito
en blanco y el acento de su voz baja
se fue haciendo distancia enmudecida.


Ya no se escucha la mente alborotada
ni las fatigas de las sonoras risas,  
ni el canto aquel de los pensamientos
que flotaron en la escena,
adquiriendo paisajes y sonidos.
Ahora solo se oye un eco de leve lluvia  
enredado en el cenizo de un nosotros,
cuando una lágrima colgada de sus ojos
se viste con el agua de la mía.










Nancy Santiago Toro
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