Friday, May 8, 2015

El amor me dijo...








El amor me dijo





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El amor me dijo al encontrarte...,
que avanzara con ojos ciegos
por las sendas de tu nombre,
que siguiera el trazado
hacia el destino que conoce el río,
por los rumbos ascendentes,
por los riscos entre nubes,
aunque luego fuera catarata
en derrumbe gemebundo
que sabe caer y proseguir
en el mismo cauce,
con temblor de aguas
que humedece primaveras
cuando avanza hacia el mar
su impulso sin temores.
Me dijo, que escuchara tus palabras
saciadas de silencios
como él escucha los vacíos,
las ausencias, lo lejano,
pues su voz y lenguaje
es el expresivo sentimiento;
él sabe palpitar el latido
en todos los vocablos,
es el auténtico autor de la enamorada idea
que nutre vanas ilusiones al contacto.
Me dijo que atara tu piel al tacto
inquieto de mi mente,
porque ella sabe cumplir
las promesas sin las manos,
siempre logra la caricia desbocada o leve
y sin esperas ni final sobre el cuerpo deseado.
Y me dijo que te amara con su corazón rusiente,
pues hay corazones que de tanto
invierno tienen fallas,
y así te amé como él dijo más con la añoranza
que dejó en mis sienes, pues por ser el amor...
omitió decirme cómo olvidarte amado.











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Nancy Santiago Toro

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Recuerdos









Recuerdos


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No concluyen, se obstinan los recuerdos
y como mentales arboledas
evidencian las semillas, los pétalos, el nido,
las palomas, las espinas, el fruto
en concurrencia con las formas
al alcance en regreso cíclico,
con brisas de ayeres y con frondas espesas
muestran frescura en pleno dominio.
Son como el follaje abierto que aprisiona
un puñado de amaneceres
sobre oferta de sombras tendidos,
desnudando los silencios de albura
o sosteniendo compañía de trinos,
mientras las copas en zarandeo
convulsionan las ramas pobladas
de melancólicos aromas desde su verde latido,
por los caminos que busca la mente que añora;
los que siempre encuentra, porque han sido.
Recuerdos... como un desfile de hojas al vuelo
se balancean las amotinadas memorias,
cayendo al fondo de uno mismo,
en monólogo silente, hasta la sangre roja,
donde mezclan sus tonos
grises, pardos..., rojizos,
entregando raíces de labrados jardines,
fragancias de alturas, los acostumbrados rocíos;
flotantes en las simples copias
de aquellos paisajes que la añoranza
retiene en lo íntimo y que esparcidos
quedan entre la densa bruma,
donde recaban su inextinguible brillo,
pues los ojos saben cubrirlos de lluvia,
la que sucede por dentro sin pedir permiso,
para florecer la nostalgia que brota
sin frenos detrás de los vidrios,
por el largo y ancho de la vida
como si fuera un nacido Amazonas.








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Nancy Santiago Toro
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Huellas






Huellas






Estrechamos la razón con la locura,
caminamos distancias de extremo a extremo,
las noches más oscuras mostraron su luna,
los días más soleados su lluvia en el tiempo,
aún así se vació la vida como una copa,
esparciendo fulgor, sombra, voz y silencio.
Construimos un mundo, fijamos las huellas
y vivimos el amor en la cumbre más alta,
mientras bajaba cada peldaño hasta el suelo,
pero volamos sin alas y alcanzamos espacios,
mientras las horas cargaban la historia
para recordar las cosas del ayer viajero,
los pequeños detalles que conocieron la dicha
en el paso cotidiano del común trayecto.
Otras horas entre las ideas de la mente guardadas
crearon posibles contigo en secreto,
donde ambos con latidos de reiterada nostalgia
fuimos estatismo de amor con sentir inquieto,
reviviendo a los instantes como rocas pesadas
que traspasaban mañanas en vuelo,
rodantes por las noches de ausencias
hasta hacer pedazos grises a los sueños,
y romper el ligero presente con grietas,
que por estar abiertas ya no saben de olvidos.









Nancy Santiago Toro
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