Tuesday, May 5, 2015

No eres árbol



No eres árbol






Ese árbol gallardo y solitario que invita al juego

bajo esas ramas distraídas, sus juguetones brazos,

lleva vendajes de primaveras, otoños e inviernos,

lleva consigo el luengo camino sin dar un paso.


Contemplo su añoso tronco en desespero,

su inacción sumergida en el mísero letargo

y me parece oír de su ramaje un te ruego

con un dejo perceptible de terruño amargo.


Pareciera que sus ramas mordieran el cielo
al dejar en el viento su jadeo agobiado

como si tuviera un beligerante sentimiento

adherido firmemente en su abrupto ramalazo.


Percibo que la brisa lo zarandea con deseo

con la intención de un desnudo desesperado,

como si quisiera sacarlo de su entierro

o llevarse consigo cada hoja, cada vástago.


Amor, si lo vieras desde aquí como yo lo veo.

Si vieras en mis ojos que tú no eres árbol.

Tú semilla arrastra sus raíces por la tierra

y te mueves por el mundo con indefinido rastro.


Y llevas un sueño adentro flotando sobre el suelo,

quiere ser fruto del tiempo o de la vida un nuevo tallo
,
mas no eres árbol, eres como el río hacia el mar abierto

y no soy brisa, yo soy la isla que te espera en su regazo.





Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©









Quiso aquella rosa




Quiso aquella rosa

 

 

 
Quiso esa rosa roja que me diste,
hablar de tu amor aquella tarde.
Quiso usar su hermosura como alarde,
en esa tarde gris con nubes tristes.

Quiso invocar el amor sublime,
como también la lluvia hizo caer.
Quiso provocar con su perfume
una pasión en mí sin yo saber.

Quiso esa rosa contar los días
que duraría por mí, tu querer,
cuando su tallo sus pétalos perdía,
así como tú se iba sin querer volver.

Así quedó la rosa aquella,
triste y marchita sobre el mantel.
Quedando solo las espinas en ella;
espinas que marcaron también mi piel.

Recogí lo que quedó de aquella rosa.
Me hirió una espina, brotó la sangre.
Quiso de veras recordarme una cosa
que con dolor siempre recordaría tu nombre.





Nancy Santiago Toro
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Amanecer







Amanecer






Jardín de rosas llenas de rocío,
paisaje de ternura que enternece mi ser,
de lágrimas perladas son los atavíos
que derrama el cielo de este amanecer.

Se ha formado un haz de ardientes colores
trazando pinceladas que erizan mi piel
y se ha besado el cielo en el frescor de los mares
haciendo más profundo el azul en él.

Los vientos con las palmas están jugando;
eterno es el amor que existe entre ellos
y hay mil mariposas en el aire girando,
porque revientan del alba los primeros destellos.

Del sol que se levanta como un astro de oro,
ocultándose entre nubes una y otra vez,
mientras yo de tu belleza me enamoro
cayendo de rodillas ante tus benditos pies.

Se oyen esparcidos los inquietos rumores
de todo lo que vive y lo que ha de nacer,
para decirme que estos son tus favores,
que me regalas cada día con tu eterno querer.








Nancy Santiasgo Toro
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Tabla Cortesía

Tu llamada




Tu llamada






Mis pasos cansados solían vagar
por valles oscuros de soledad.
Atrás quedaba mi santo hogar
y el mundo giraba con su frialdad.

Rodeaban a mi alma voces mezquinas
que con sus cándidos tonos hasta mi llegaban,
punzaban como las rosas con sus espinas
que entre su belleza se encontraban.

Mentiras y agravios hacían su entrada
y más sola y triste mi alma se hallaba.
Vanidad perversa en las oscuras miradas
me tiraban al suelo y por encima pasaban.

Solo tus manos abrieron el cielo.
Llena de luz se abrió tu ventana,
me miraste amoroso, me levantaste del suelo
y me tocó la dulzura que te engalana.

Me dijiste, “eres solo una oveja perdida
que por un momento no escuchó mis palabras,
pero aquí está Tu Padre para sanar tus heridas,
y no dejaré que ya nadie las abra.”

“Entrégate a Mí, seré tu consuelo,
seré la Verdad que tanto buscabas,
Te llevaré en mis alas y en nuestro vuelo,
olvidarás las penas que tanto llorabas.”

“Dame tus manos, Yo guiaré tus pasos,
Te haré descansar, Yo soy Tu morada.
Será tu amparo el calor de mis brazos
y guardaré por siempre tu salida y entrada.”

Alcé la vista, me perdí en Tu mirada.
Tu suave sonrisa se posó en mi alma.
Me tocó la fuerza de Tu dócil llamada,
pues eres Jesús, quien de verdad me ama.








Nancy Santiago Toro
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Verso






Verso



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Vivo está el verso en la poesía,
sonoro de palabra y sentimiento.
Entregando en plácida armonía
el eco de un profundo pensamiento.
Expresión de adornada apología
si la felicidad captura algún momento
o el triste testimonio de una elegía
cuando el sentido alberga el sufrimiento.
La melancólica voz del alma
de historias vividas en el tiempo;
esas que hablan y quitan la calma
al invadir inclemente su recuerdo.
Reflexión profunda, intimidad desprendida
que llora, canta, ríe, en la sincrónica eufonía
del mensaje inmortal que libera alguna vida
al desnudar con nombre y apellido su autoría.



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Nancy Santiago Toro
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Cuestión de tiempo




Cuestión de tiempo

  

Mi amor será tuyo amor mío,
aunque otros quieran separarnos,
pese a que atrapados en este hastío
no podamos sentirnos y amarnos.

Si has de ser tesoro extraviado
que en el tiempo queda sombrío,
te buscaré y sabrá este desafío
que volverás a brillar a mi lado.

Pues he de hallarte en mi destino
como una salida en el laberinto
que nos hace volver al camino
que había quedado atrás indistinto.

Y como oasis fluirás en mi desierto,
derramando amor, saciarás mi cuerpo
y sabrán todos que este amor tan cierto,
solo marcó las horas con el tiempo.




  

 Nancy Santiago Toro
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Como te extraño

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Como te extraño

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Extrañarte es el fragor de mi rutina,
es soñarte cuando estoy despierto,
es la grata fantasía de besar la luna,
aunque no pueda llegar al firmamento.


Es alcanzar el crepúsculo en la mañana
para pintarte de su color en mi pensamiento
y sentir que el viento que toca en mi ventana
es tu voz, tu señal, tu aliento.


Es sentir que la mano negra de la noche
aprieta bruscamente mi dulce sueño,
cuando es allí donde mi amor en derroche
me hace plenamente tu dueño.


Es atraparte en la lágrima al pensarte
que muy discreta me roza de repente,
cuando se une a la fuerza de amarte
y a la fuerza del dolor si estás ausente.



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Nancy Santiago Toro
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Volveré




Volveré


  

 
Volveré como las olas del profundo mar
a abrazar nuevamente tus formadas orillas
y tu ajeno a mi presencia, no sentirás llegar
el frescor de mi beso en tus mejillas.
Y como el sol poniente en el horizonte
volveré a seguir el rastro de tu luna llena
y con la quietud que se afirma el monte
esperaré por tu perdón o tu condena.
Volveré aunque no quieras rescatarme
de este abismo que ha de devorarme,
si tu desdén me empuja a la condena.
Porque solo tú habrás de sujetarme
al perdón que hoy has de negarme,
por el amor que aún pasa por tus venas.






Nancy Santiago Toro 
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