Saturday, May 2, 2015

Tu íntima presencia

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Tu íntima presencia


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Tu mirada en revuelo sobre mi silueta,
en viaje libre por las emociones del silencio,
al fondo la canción "Después de ti" sonando,
y tú, aunando a mis oídos el roce inquieto,
el que quiebra la quietud con la palabra
el que rompe la piel con el repentino beso.
Allí, los dos de frente como dos extraños,
pero tan conocidos en lo que llevamos dentro,
con la mente fija en las íntimas cosas
que se quedan en un rincón del alma,
aunque las pretenda desgastar el tiempo.
Tomó tu iniciativa mis azoradas manos
y cuánto comprendimos en mutuo acuerdo
al pasar tan suave por mis voluptuosos labios,
al procurar mis caderas y la curva de mis senos,
otra vez imprimiendo las ansiadas huellas
en el itinerario de mi nombre,
en el calendario nuestro.
Allí, donde unas paredes gastadas
rodeaban a este remanso
como si fueran las de aquellas catedrales altas
que no permiten el pecado del deseo,
mas por clemencia del amor
cubriendo piedra a piedra

la ascensión atenazada de dos cuerpos.
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Nancy Santiago Toro

Derechos Reservados©

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¡Qué delicia!

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¡Qué delicia!


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Si ya recorren mis rosas carnales
con el almíbar del deseo
y se anudan mis pétalos a su melífico aroma,
cuando su placer los muerde como si fueran dedos,
aquí, donde se liberan olores de raíces libres
que dejan la palpable humedad en mi suelo.


¡Qué delicia!, que mientras te quieras apoderar
de mis versos con tu insistencia
y de la dulzura de mi piel en cada encuentro
con un festival de emociones en la entrega,
con ese baile de la lengua que los dos sabemos,
entre una furia de latidos que se desatan
al unísono para llenar con su grito al viento.

¡Qué delicia!, que vacíes tu boca por mi rostro,

con los besos nómadas que para siempre quedan
y sentirte invisible mío, con tus gestos y palabras
como si brotaran hojas nuevas de troncos muertos.
Como si las ramas allegaran aquella
tos seca de tu garganta,
la que arboricida pretendía 
para mis oídos un canto nuevo.
¡Que delicia!, saborear del mismo 
fruto una y otra vez
colgado de tu espacio, 
con las reaparecidas semillas negras
y la corteza cuarteada que hoy ya puedo ver.

¡Qué delicia!, que hoy bajo este sol del mediodía
existan otros rayos ardientes reposando sobre mí.


¡Qué delicia!




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Nancy Santiago Toro
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Es que tú... mejor te lo digo en versos

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Es que tú… mejor te lo digo en versos




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Me cobijas con tus manos, estrechas mi vida,
promueves con tus labios masivas sensaciones,
yo provocando el jovial gesto de tu sonrisa,
tú causando el rubor del amor en mi semblante
cuando te acercas a mí como el cálido clima;
pronóstico del tiempo en mis rincones
que despeja el estado complejo de neblina,
cuando evocas la animación
de las ramas con el roce
y cuando asciendes la temperatura de puntillas
con ese ardor de venas que ya conoces.
Y provocas el cambio climático que genera
la entalpía del sentimiento por partida doble,
porque somos entorno abierto sobre la tierra,
el festejo que habita en los colores,
semilla con intención de naturaleza
que recrea a los ojos, que los sentidos oyen;
garbosas figuras del paisaje
que al natural se entregan
al quedar la ropa tendida, para de nuevo amarme
con el rumor azul de la marea encendida,
que me consiente desde afuera hasta la sangre.








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Nancy Santiago Toro
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Este amor tuyo y mío

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Este amor tuyo y mío



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Ayer el silencio fue el residuo
de cada noche oscura por la tierra,
fue copo de nieve matando mis rosales,
fue lo sereno del grito sin altura;
la idea quebrada que despidió una tarde.
Fue la parte sin contacto tuya y mía
cuando al soltar las manos se quedó en la carne
y aunque esos ayeres pasaron casi invisibles,
sin tu voz, sin tu presencia, sin embargo,
en mí cada día viviste como la imagen
que no muere porque está a salvo.
Así la retuve hasta que tú vinieras
y quebraras en mis adentros lo callado.
Para deletrear tu nombre con mis palabras,
decirte tómame al abrir mis manos,
para que los nervios delataran furtivamente
que esta alma que se arrastra conmigo a cuestas,
aún te percibe y tiembla en total entrega
como si te hubiera guardado en ella intacto.
Por eso hoy desperté temprano en la ventana,
me saludó el sol de otro día apresurado,
me trajo de nuevo el perfume de tu nombre
y algunos recuerdos expresando tu caricia,
para las suaves formas de esta inspiración.



http://www.mundopoesia.com/foros/temas/este-amor-tuyo-y-mio.519592/







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Nancy Santiago Toro
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Amor de mi vida






Amor de mi vida




Me encuentro en tu sentir a gritos,
te encuentras en mi sentir callado
y no hay duda que la prisa del latido
nos lleva a ambos de las manos.
A pesar de las escarchas del invierno
y del tiempo sin ti en mis brazos,
hemos guardado el recorrido nuestro
en lo inmortal del alma como raíz al árbol.
Y te has quedado sin tú saberlo
en las venideras huellas del mañana,
esas que se han vivido en lo soñado
las que huelen a primaveras frescas,
a espesura de bosque, a rutas de campos.
Porque así sucedes cuando en mí eres
como agua al río como paso al rastro,
inseparables como es la orilla a su camino
hacia la amelga del paisaje desolado,
para poblarlo de un encuentro tuyo y mío,
de los aromas de la rosa y del geranio,
de amaneceres que se completan en lo íntimo,
del desnudo que estalla sobre lo amado.
Para hacer las pinturas de un presente,
añadiendo todo aquello que ayer colgamos
seguir creando contornos, facciones, líneas,
formas para el arte de la vida
y con el amor en la sangre al expresarnos.











Nancy Santiago Toro
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http://www.mundopoesia.com/foros/temas/amor-de-mi-vida.519278/



Atados al paso del tiempo

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Atados al paso del tiempo



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Encadenados vamos al paso del tiempo
como si fueras los minutos de mis horas,
tan ceñidos a su pasado movimiento,
pero tan adentro del inagotable ahora
que desintegra presentes que perdemos,
que crea anhelos entre otras tantas cosas.
Ambos aferrados al origen de ese sueño,
a su calendario, a su riesgo, a su fuga,
a la espera taciturna que su lejanía deja
en los brazos erguidos que se buscan,
para dar el abrazo que exige el afán del cuerpo
y eclipsar a dos almas que se adoran.
Estamos atados a través del viento,
en este sostenido caminar a solas,
cada vez que me roza la caricia de tu nombre
y nos atrapa como a sus amarillas hojas,
y temblamos, otra vez, los dos estrechos
entre una recua inacabable de memorias;
el gesto noble que libera el adusto invierno,
para que busquemos el calor que en los dos reposa
y convertido en fuego pase a nuestras manos
como palabras ardorosas del idioma,
como legibles voces del silencio.






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Nancy Santiago Toro

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