Thursday, April 30, 2015

Conmigo y sin mí








Conmigo y sin mí





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Aquí conmigo, iniciando una salida
para despejar todo lo que soy
en la eternidad de cada esquina
y sin saber a dónde voy,
entre las vueltas de un reloj
y con estas fuerzas que deliran,
porque este es uno de esos días
que circulo vacua como el viento,
pierdo lo carnal y sin anatomía
solo cargo anonimato en mis adentros;
transparencia que no conoce la ceniza,
pues ya no escuchan mis sonidos
y mis colores no llegan a la vista.
Voy incorpórea...,
como la brisa del camino
buscando sin fin su recta línea
en lo oscuro, en lo largo, en lo enorme,
mientras el tiempo toca cuando pasa
como un cielo derrumbándose en la vida.
Aquí y ahora, al borde de la desdicha
calculando el tiempo de los dolores
y con mi silueta hecha neblina
para que alce vuelo hacia el horizonte
y así de nuevo vuelva a verme íntegra
con la carne sobre los huesos
y con la sangre de mis venas
como un mar que se traga a sus orillas.






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Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©




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En el mismo espacio






En el mismo espacio





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Voy y vengo en tu mirada cotidiana,

en el parpadeo constante

que ancla tus ojos a los míos

y se desplazan las mareas propias de las almas,

en su torrente de temblores nos sentimos.

Me existes, en el salón abierto de tus manos,

al bailar la sensual danza del contacto íntimo

y se contonean con firmeza los sentidos, y ambos

sin perder el paso blando, vamos, regresamos

con los dedos diestros entre mimos.

Giramos en las vueltas del deseo

y nuestros cuerpos flotan,

casi fluyen ciegos en sí mismos,

impulsados por las horas, se funden con el tiempo,

fracturan la calma con su enlazado desespero,

y somos un momento extasiado de latidos...

Sucedo en el vaivén de tus labios,

en tu sonrisa abierta, en tus besos de mañana,

que son mi eco tibio

hasta los nuevos besos,

que me visten en la noche;

los que ya conocen el fuego

y la humedad de los instintos.

Habito en tu mismo espacio,

en el nido de tu vida,

cada instante en vuelo es un trozo del destino,

saboreando el placer de la presencia,

cuando esta sucesión de huellas

no suelta el rumbo de los dos.



http://www.mundopoesia.com/foros/temas/en-el-mismo-espacio.508032/













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Nancy Santiago Toro
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Marcando las huellas de la vida









Marcando las huellas de la vida




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Con su fragancia imparte
su presencia en mis rincones,
mientras propulsa mi pasión
como antorcha al fuego,
al llenar mis manos
totalmente con las suyas,
al sentir mi mundo
gravitar en su universo
cuando las pieles se rozan
y pregonan sus verdades,
sin las mordazas de los amores muertos.
Y es que él sabe prender la mecha
de este corazón con solo decir mi nombre,
sabe alcanzar mis latidos,
reventar la alegría en ellos,
cada vez que pasa
a mi interior con sus palabras
y se queda retozando
en mi diario pensamiento,
inseparable y con la estrategia penetrante
de adherirse a mi lado por entero.
Ayer me acercaba a su invitación callada,
a su connatural espacio
por la ruta de un presente
que me llevara hasta su cuerpo
y hoy tan cerca, brota
una panoja de sonrisas
que suceden continuas
sobre el largo de este suelo,
entretanto perfilan los deseos
que la vena sangra
con el amplio albor
del coruscante sentimiento
y maduran voluntades
que se exhiben y prolongan
compartidas horas hasta
el después del tiempo.
Pues no se excusa
el centelleo de la mañana
ni la luna de la noche para vernos,
cuando derramamos las risas
de la seducción por las serias plazas
y las cubrimos con las palpitantes
ilusiones del paseo
con la vestidura de memorias
que confeccionan las pisadas,
y con las huellas de este rastro









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Nancy Santiago Toro
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Alguna vez ... el tiempo (Prosa)



Alguna vez ... el tiempo
(Prosa)


Alguna vez aprendí de un tiempo sin urgencias, retozaba como si corriera de un lado para otro; era principio de libertad extendido por el gestor de la aventura parecía retrasarse con las vueltas de los cometas en el aire, circular en recorridos sin orillas sobre la tierra virgen de la infancia para reactivarse en la corporeidad del desarrollo, y capturar el viaje de las vivencias en los álbumes de la adolescencia, los que aún evocan sus risas mañaneras haciendo eco en los latidos. Alguna vez el tiempo quedó sujeto en el nudo de las palabras y se colgaba de la mente con las voces y acostumbraba a repetir su efecto en la movilidad de las emociones cada vez que hablaban. Era un tiempo fecundo que sabía mantener a las ilusiones vivas, aún con el impacto de los cambios, pues lograban resucitar con el pulso de la natura en las tantas escenas de la vida, y es que estas (la vida y la natura) se parecen tanto al renovarse cuando su ciclo alcanza el humedal de algún desierto. El tiempo seguía su curso, pero conseguía suspenderse en la mirada que todo lo detiene con su singular habilidad de exhibir a los recuerdos del sentir como paisajes vivos en el cuadro de algún entonces.

El tiempo... ese que alguna vez se hizo tan lento a pesar de su progresivo ajoro, pues se tendía como la cosecha y hasta la siega daba los frutos de la ansiedad y sobre las mieses yo era una más en aquel festival de pájaros del azul distante. En plenitud era la recolección de los momentos con la oferta de sus años para la celeridad de la existencia pero con el cinismo de la ilusoria calma.

Hasta que alguna vez inauguró un transcurso veloz, con frialdad de noches. Lograba arrumbar una capa de niebla sobre los días que saturaba los ojos..., comenzó a acercar rostros de hule que alcanzaban el adiós de las estrellas. Rostros efímeros que entregaban un rastro casi anónimo, a los que supe inventarles la sonrisa, los perfiles y hasta los gestos de esa indiferencia innata que amparaban. Era un tiempo presuroso que ignoraba al corazón y vulneraba la marcha de su mecanismo, mientras avanzaban las nubes del mañana.

Por eso en este ahora de su paso, con su huida en las horas soy yo la que aprende a no regresar cuando avanzo, aprendo a detenerme para mirar al árbol tan cambiante en los escenarios de las estaciones vagabundas, para contemplar el beso de la luz en el horizonte hasta que desviste la tarde y se entrega hasta el fondo del ocaso.Tanto me detengo que hasta he aprendido a copiar la sencillez que lleva el viento, no me enredo en las cosas, me hago sentir aunque no me vean y pocas veces me oyen, mientras el continúa enterrándose en este mausoleo de silencios.




http://www.mundopoesia.com/foros/temas/alguna-vez-el-tiempo.505743/



Nancy Santiago Toro

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¡Ya lo sabe!







¡Ya lo sabe!



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Llega mi silueta a la obra de este sueño,
estoy en el molde abierto de sus pasos
y mis pisadas emprenden la ruta
de este encuentro, pues el prolijo tiempo
fue avanzando la rueda de los días,
hasta la cita del ahora, en el lugar exacto.
Le doy una furtiva ojeada como ejemplar
que captura mi suspiro, abro su solapa
y al contacto deja la corriente de su vida
estremeciendo la superficie de mis manos
como si un lenguaje desnudo
mostrara su íntimo grito,
y penetrara el efecto informal
de la presencia en su llamado.
Escucho el latir de la historia
que su interior archiva,
mas el prólogo de los gestos
seduciendo de antemano
y fascinando aún sin llegar
a las ideas de su alma,
porque en cierto modo
transmite desde afuera
la intensa esencia de sus ineludibles años.
Las invisibles ondas del mensaje
vibrando la experiencia,
con la expresión perspicua
que desliza el viento sin retraso
y su cubierta, su color, sus bordes, su diseño
llenando de sensaciones
la grandiosidad de mi universo
con un tono natural de miel
que a mis latidos va antojando.
Así... y de a poco él me anima
totalmente a su lectura,
me conecta a su lenguaje,
a sus tantas emociones,
a sus verbos en una marcha
de temblores instintivos
que despiertan a mi volcán
dormido de su hartazgo,
sacude la naturaleza
rutinaria del camino,
y quizás... quizás pudiera
decir más de lo que digo,
pero apenas he visto
su inicio en la portada
y me dispongo a ver
con más calma el contenido
que para mis adentros tiene reservado.















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Nancy Santiago Toro
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