Monday, April 27, 2015

Con la muerte de la tarde (Soneto)







Con la muerte de la tarde




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El inasible ocaso ya no arde,
vacío de relojes en mi espera,
mas va mi alma en su tenaz carrera
como calígine de fría tarde,


cargando con la estela de una ausencia.
Sin pausa por el lóbrego camino,
se pierde tras el aire del destino
y al pretender volver a mi existencia…

Mi cuerpo no responde a su llamado,
un espacio dantesco es a mi lado;
la bendición del alba no despierta.


Y la noche me sigue como espanto,
la negra soledad es el quebranto,











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Nancy Santiago Toro
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Tus manos de fuego








Tus manos de fuego




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Se abren tus manos, sedosas viajeras
con el contacto propicio que enamora,
creativas al palpar con el arte del deseo
sus fijas huellas de gozo en la memoria
y sincrónicas, con la fuerza y calma a la medida
al continuar su aventura por mis formas.
Menudean un dejo de arena y playa
al deslizar su indómito temblor por mi silencio,
avanzan, retroceden, serpean con euforia
y soy eco, ascendiendo con tu nombre en la brisa
para alcanzar la inquietud de su trayecto.
Tus manos, con la dinámica de pájaros y flores
en la búsqueda constante del néctar de mis pétalos,
contienen la firmeza íntima del cielo y nube,
manifestando tacto de gloria por mi cuerpo.
Férvidas, derraman el calor de la mañana,
los rayos del sol se adhieren a tus dedos
y vigorosos progresan desde la juventud del día,
y con la experiencia del ocaso juegan con mi pelo,
luego… serenas caen como el crepúsculo en la tarde
al  besarse con las mías…, 
son tus manos de fuego.










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Nancy Santiago Toro

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Itinerario de la ausencia





Itinerario de la ausencia








Esta noche diligente, solitaria y muda
que supo marchitar estrellas con sigilo,
ser el principio y el final para la luna,
despertar mi cuerpo en este ahora sibilino,
naufrago en medio de este mar que ahoga
al no desembocar en tu presente de continuo
y mis ojos flotando en sus aguas de tristezas
mas dentro de cuántas imágenes hundidos;
en el aire que llena el paréntesis de tus brazos,
en tu boca de humo que el cielo ha retenido,
en la burbuja de tu beso, sin tacto y con la prisa
entre los suspiros que avanzan, fugitivo,
tal vez retornando hacia tu orilla…
esa tan idéntica a la mía.


Mientras ancoro en una soledad con muros
y como si todo el peso de la vida cupiera en ella,
padecer su confinidad plúmbea y sin renuncia
al caer con el impacto de los caminos recorridos,
todos fusionados en este instante de amargura,
en este punto de la vida rodeado de vacío…
con otra mañana reiterando el itinerario de la ausencia
y finalizando como el viento fugaz, sin contenido;
ancha silueta del crepúsculo reduciéndose a la nada
para colgar como máscara de silencio sobre el grito,
para repetir el fracaso de otra noche en la mirada
y el derrumbe del día como explosión en los sentidos.
















Nancy Santiago Toro
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Del tiempo…, un minuto






Del tiempo…, un minuto







Solo quiero robar del tiempo un minuto
para este acuoso beso en la costa de tus labios,
en tacto que evoque la albura del inicio
y deje atrás las tinieblas de la espera,
las taciturnas huellas encalladas en distancias
y los vacíos de melancolías en los ojos
que han sabido derretirse como gotas en el viento;
calada vestidura de la espaciosa soledad.
Y quiero seguir sobre otro minuto en la mirada,
rozarnos con el silencio que conquista las palabras,
las que dejan oír el alma cuando se enamora,
logrando expresar las ideas del sentimiento;
el mensaje del alma por la abertura de la voz.
Hacer del cuerpo un campanario de latidos
en sonora intimidad de mujer y hombre,
ser mezcla de paisaje con ardor de aurora
y en ese instante ser valientes pasajeros
del norte, ser necios, rebeldes, lo que quieras,
pero correr con el valor de otro minuto,
escapar de un presente anestesiado de quietud,
seguir sin frenos con la velocidad de los segundos,
para arribar paralelos en ese principio de años
y allí, con todo el tiempo, tirarnos sobre la yerba.













Nancy Santiago Toro
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