Monday, April 13, 2015

La ruta de amarte







La ruta de amarte




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Quizás en una noche cualquiera,
esa que es capullo y el tiempo aún no abre,
se encumbre mi nombre en tu cabeza
con el cuerpo revestido de ángel
y flote con las desenterradas ideas,
esas que hoy extravían el mensaje.
Y te preguntes, ¿porqué hasta mí llegas?
con aleteo alborozado en la sangre,
con esta avidez sensorial que reclama
las formas de los recuerdos apremiantes,
como si rozaras con tu alma la sofocante caricia,
de aquel tiempo desnudo y sin carne
que arrimaba la llama hambrienta
con el atuendo voraz del amante.


Y entonces…


Un impulso enigmático te guíe a la ventana
con la fatiga de querer encontrarme,
mires al cielo y un concierto de estrellas
se una a tu lagrimal en punzantes cristales;
allí escuches el sonido nostálgico de un poema;
melodía del corazón escrita en instantes,
un papel amarillo acarreando un tesoro de letras,
un destino quebrado, un pasado en detalles,
misiva con fiebre de agudas tristezas,
que a poco a poco me hizo cadáver.
Mas quiera tu pecho resucitarme en la urgencia,
desde el fondo de sus huellas imborrables
para prorrumpir en el ritmo de su eco, la fuerza,

de esta ruta de hoy, que solo ansiaba amarte.





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Nancy Santiago Toro
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Con el pulso de un deseo







Con el pulso de un deseo






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Mírame pausadamente, de cerca y lejos,

desde este espacio de Dios que hoy nos existe,

extiende todo tu calor sobre mi campo abierto

y bebe mi humedad campestre desde mi origen.



Víveme como protagonista en la visión del sueño

cuando desplazamos por el aire nuestras alas felices

y que nos refugie algún hueco del vibrante tiempo

como hoguera de sentimientos en eterno eclipse.



Siénteme con la pulsación de este deseo,

carga en tu pecho el aroma femenil de mis jardines,

que yo cultivo para ti las entrañas del terreno

con intimidad de primavera sobre tus raíces.



Cuídame sin los límites que impone el cuerpo

en las distancias vacías, ciegas e intangibles

y que sea tu adoración como coraza en el aliento,

también mi sosiego, mi reposo y mi escondite.



Y ámame sin la medida del más o menos,

con la esencia de lo vasto en lo más simple,

que este amor de fuego que dirijo hacia tu pecho

será tu explosión interna hacia mi superficie.






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temas/con-el-pulso-de-un-deseo.459957/





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Nancy Santiago Toro
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Sin candados







Sin candados






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La paradoja del amor con las razones
cuando el latido es más franco en la locura,
pues se abandonan los brazos sin temores,
sin la mente fija, sin excusas,
por rodar en la vehemencia de los mares,
hacia la otra orilla sin preguntas,
hasta arrojarse en la calma del oleaje
cuando en la buscada arena se sepulta.



O ser la hoja mecida en la corriente,
un temblor sin vela, sin bajel, sin brújula,
una maniobra del tiempo que no detiene
el ascenso repentino hacia a la luna
para ser existencia soñadora en el instante
y aún en el futuro que en la visión se oculta,
solo por el misterio de ese nombre,
solo por la seducción de su aventura
que nos convierte en latido del lenguaje,
cuando asoma en las voces sin renuncia.
Con el acento arrojado del amante
que convoca a la odisea más profusa
al vivirlo desde adentro por el cauce
como mecha que enciende la penumbra,
con el grito de fuego desde la sangre…


Y sin candados hacia las alturas.








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Nancy Santiago Toro
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Abrazos de distancias











Abrazos de distancias





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El tiempo germina abrazos de distancias
en los puentes de aire colgados del abismo,
cuando los pies son raíces en la tierra y se va el alma
para ser el milagro del calor en el mismo frío.

Es como hacer llegar un rayo de ternura

con el aliento del espíritu en sostenido regocijo,
para asir el hombro de esa piel desnuda
y vestirlo con la expresión explosiva del instinto.

Es un abrazo diferente, es una caricia de luna;

es un silencio inquieto que se nos escapa sin aviso
o la algazara de la sangre en la trayectoria
suspendida del sueño que enlaza los vacíos.

Es el contacto de la fresca hierba con la luz del alba

o la fricción de estrellas desprendiendo todo el brillo;
es como el mimo de la primavera sobre la ventana,
es el encuentro del todo con la nada por abrigo.

Es el abrazo que llega a diario como tibia aurora,

el imaginario roce que deja huella en los sentidos.
Es el tacto seguro que se dan las vidas más lejanas,
por el único deseo de dejar el cuerpo en otro sumergido.






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Nancy Santiago Toro
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