Saturday, April 4, 2015

Enfoque otoñal


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Enfoque otoñal




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Vagaba en la espesura de un quimérico misterio,
impregnándose de huellas secas y de su polvo de aire,
enredándose en tumbas silentes que muerden el suelo,
escuchando nieblas de olvido que el corazón nunca oye.
Puso a temblar a la vida en una cubeta de hielo,
congelando un festival de latidos en contumaz patinaje.
Alcanzó las ramas cicatrizadas que cuelgan del cielo
y meciéndose entre ellas cayó más distante.
Al levantarse en la hueca negrura de un agujero,
la noche anclaba en sus ojos y en sus días mortales.
En esa boca de hiel se enfilaron los dientes del miedo
y mordieron como rabiosas áspides al ritmo de males.
Se olvidó de la meta ansiada en la cima del tiempo,
de los calendarios de edad que colgó en los relojes,
de los sueños tallados sobre la fe en movimiento;
se olvidó que había tatuado su amor en mi carne.







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Nancy Santiago Toro
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No detengas el amor


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No detengas el amor




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No detengas el murmullo de tu beso,
que sea la mecha encendida en la palabra,
sonoro y fugitivo, detonador del lábil eco,
explosión que se hospede en el refugio de mi alma;
yo lo espero sobre el rostro como tersura de pañuelo
para enseñarlo a secar mis dolidas lágrimas.


Tampoco detengas el trayecto de tus pasos.
Abraza tu surco a mi definida marcha.
Entierra tus raíces de tiempo en mis años,
florecientes de caminos sin distancias.
Cada momento será una rosa desde el fondo,
atrapando conjunta vida en su fragancia
y repetiremos su glorioso y consumado acto
al unir nuestras manos marchitas y arrugadas.


No detengas el amor en el parpadeo de tus ojos,
en constante movimiento más atado a la mirada,
acércalo a mí, suéltalo como infalible río
que deja el cortejo en la yerba cuando pasa.
Rózame su juguetón movimiento, sus besos de agua
y ahógame en la humedad de su sensual deseo,
hasta que la muerte sea tan solo una leve pausa.




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Nancy Santiago Toro
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Hoy quisiera mirarte a los ojos










Hoy quisiera mirarte a los ojos






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Hoy quisiera mirarte a los ojos
y frente a frente con una gota de silencio,
estrecharlos y que hablaran solo
los colores que desangran su grito negro.
Que leyeran desde el fondo la tristeza
y en un diálogo sereno de nostalgias
dijeran todo o quizás nada, por sentirse cerca.
Mirarlos como si abriera las ventanas
de un espacio, de caminos y de huellas;
ver si me tienes en su fondo resguardada,
si aún me viven cotidiana en cada estrella,
si me mecen en sus olas de recuerdos,
si me inventan en los sueños que despiertan.


Quisiera contemplarles y escucharles
desde adentro la voz que la boca niega,
penetrar las vidrieras de su tiempo
y recorrerle los momentos que una vez tuviera.
Que se besaran con los míos y en sus espejos,
el peso del cansancio fuera ilusión de seda
y en movimientos de calor poder vivirlos
en el seno de una noche sin reservas.
Y allí, acurrucarlos hasta vernos el alma




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Nancy Santiago Toro
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Poeta del amor








Poeta del amor


(Dedicado a Alicia  Pérez Hernández)











De tu esencia me has rozado la ternura,
la dulzura, la humildad y la belleza;
tú desbordas la fragancia de las rosas
en el acento encelado de tus emotivas letras.
Eternizas sentimientos explosivos de colores
cuando la melodía de tu corazón dejas impresa,
y hasta el ciego percibe los cromáticos temblores
cuando el verso de tu alma al desnudo manifiestas.
Tus pensamientos pueden ser alondras de melancolía
que tus manos al papel aterrizan con destreza
y el periplo del dolor es como el galeón a la deriva
cuando en el verbo arrastras la fuerza de una pena.
Tu esperanza se descubre en la tinta de tus días,
porque eres valerosa si la vida te hace guerra;
tus ilusiones acarician sedosas a las mejillas
cuando tus latidos se hacen pétalos en tus ideas.
Con tus versos hasta las emociones ruedan, giran
al trazar el ahincado deseo que te vive, que te puebla
y la pasión de tu sangre es la firma legítima de tu poesía,
pues fue el Amor quien te eligió como a su poeta.















Nancy Santiago Toro

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Era la voz










Era la voz


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Era la voz con el peso del silencio,
con el vuelo que guardan los ángeles caídos;
iniciático murmullo que aletea en el pecho,
en ajetreo de ser real en lo desconocido.
Su anhelo, ennoblecer al firmamento,
aun siendo venoso su prefijo.
Nacidas, desde el sueño, sus alas de paloma,
zigzaguearon el espacio con su templo sostenido.
Su cascado alcanzó el beso de la mañana,
el que roza sin marcada ruta, el peregrino.
Impactada por el sonoro mutismo de la nada,
perdió el mensaje que haría el camino.
Quebrados los espejos de la aurora,
la luz siguió el curso trascendente del espejismo,
ella se clavó el eco de la noche en su garganta,
en silencio de estrellas, su inflexión de voz añicos.
Cayó en un nexo sobre su hereditaria tierra,
sin poder desterrar su final vencido,
donde espera ser en el canto de la lluvia.




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Nancy Santiago Toro
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Mi efigie al descubierto








Mi efigie al descubierto




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Sin miedos vivo el concepto del inmortal respeto,
en mí no hay apariencias como máscaras colgadas,
mi actitud es al desnudo, con el corazón abierto,
no ensaya farisaicos malabarismos para su jornada.
Soy paisaje tendido en absoluta transparencia,
los valores los cargo como reflectores en mi alma,
y mi alma es el faro que guía todos mis trayectos,
ella abre y cierra puertas más allá de las distancias.


Soy como el viento mutable, suave y tempestuoso,
si el tiempo con mordidas sañudas a mi vida alcanza
y mi verdad fluye como pura agua en movimiento,
porque es mi arma preferida, mi puñal, mi espada.
Mi vestimenta es ligera, hace juego con la brisa,
bajo la lluvia me desvisto, ella purifica lo que daña.
La luz que traspasa mi vida desvanece la neblina,
el amor es el mejor antídoto para la venganza…


La firmeza es corteza recia que se adhiere a mis intentos,
la fe como un punto en el abismo me rescata en la derrota,
la victoria como gozo cristalizado de un consumado sueño
no me ha dejado las ínfulas como proyectiles de la gloria.
De la espesura de argumentos acerbos me defiendo
sino hallo ápice de culpa interna para su matanza;
la circunspección se ausenta del lenguaje virulento,
pero es lo que doy como galardón en mis palabras.

Si el estuche de mi cuerpo se hace de granito y enmudezco,
es porque admiro el silencio nuboso de la gran montaña,
paz erguida, reposo necesario, abrazo de cielo sin lamentos,
sin los estentóreos avisos de muerte en las campanas.
Y en la tártara de la calma arrojo el peso de mis días,
aunque las tormentas quieran reventarme en los roquedos,
si mis fuerzas se ahogan, mi espíritu flota hasta la orilla
para dejar sobre las arenas blancas mi efigie al descubierto.




http://www.mundopoesia.com/foros/temas/mi-efigie-al-descubierto.449480





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Nancy Santiago Toro
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