Thursday, March 26, 2015

En tus adentros







En tus adentros





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Si te vas no me cierres los candados
de los pasadizos que guardas en secreto,
dame su trayecto, dame un candelabro
y déjame abordar esa ruta que resucita en ellos.

Quiero caminar cada perímetro de tu mundo,
traspasar la emboscada de lo real e incierto,,
encender como velas a las razones y a lo absurdo,
arrancarle el arrinconado fracaso y su trasiego.

Limar las frías asperezas de tus murallas,
impregnar jubilosas aventuras con mi aliento
como arte de vida en repertorios de mañanas
en un mural azuzado por mágicos momentos.

Tapar los huecos de esas sombras desgastadas
que aún estallan al espacio sus fragmentos,
con una mezcla del rubor de las auroras
y los colores que deja el vigorizante sueño.

Y déjame allí cuidando esos íntimos recodos,
guarda la llave o hazla chatarra sin más tiempo
y dame nuestras memorias como un tesoro,
para cuidarlas en lo más profundo de tu cuerpo.






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Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©





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Por amarte así








Por amarte así





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Te pienso, te revela la membrana de esta historia
al sentirte como vórtice indomable en mis sentidos,
te huelo como si tu cuerpo fluyera firme en los aromas,
pero te extraño con el peso inaguantable del abismo.
Logro tocarte con la piel del sentimiento que te porta,
escucharte porque eres dulzura en las ondas del sonido.
Verte, con los ojos de la ausencia nos vimos entre sombras,
aunque aún te busque a través de los silencios detenidos,
para encontrarte en cada espacio como luz de las farolas
con la que enciendo nuestro sueño, mi brújula en el camino.
Mas si te invento es porque siendo parte de esta nada,
desde las ingentes oquedades de los días, yo más te necesito,
y es que te amo, mas primero a Dios sobre todas las cosas,
pues por su plétora de amor hoy podemos existirnos.



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Nancy Santiago Toro

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Como rosa ultrajada









Como rosa ultrajada





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Sacude el polvo que impregna la vida
y que en los rincones se acumula y oculta.
Suciedad de vanas fantasías que dejan una herida
donde el remordimiento agita y la culpa sepulta.
Es la seducción perversa que arrebata la pureza
y la tierna timidez que adornaban la inocencia;
ansiedad de un gozo que llega con sagaz destreza,
arrebatando pétalos que en una rosa son su esencia.
Tierna rosa que de un capullo se abrió a la vida:
erguida, vibrante y de extrañable hermosura.
Brotó del seno materno la rosa más florida
al florecer los encantos en aquella criatura.
Inspirar al amor fue su más íntimo anhelo
y dejar su aroma en un aliento eternamente unido,
pero cayeron adoloridos sus pétalos al suelo
por aquél que la cortó sin haberla querido.
            Un quejido amargo llenó sus entrañas,
derramando un deseo en un sueño perdido;
lamentaba el suelo mirarla como extraña
al verla tendida perdiendo sus sentidos.


Tallo desnudo con sus espinas expuestas,
muestra cruel de quien ultrajó tanta pureza.
Su desgano e indiferencia son memorias funestas;
vergüenza de la carne que tragará la tierra con certeza.
Mas quién sabrá que tierna rosa fue aquella
y quién sabrá cuál fue la mano que llegó irreverente,
quién sabrá que ni la lluvia del cielo borró en ella,
la lóbrega soledad que al amor dejó indiferente.
Que no enterró en un jardín sus raíces florecientes,
que no se halló erguida engalanando los rosales,
que su mar de lágrimas no secó el sol poniente,
 que quedó una bella rosa moribunda en los pedregales.






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Nancy Santiago Toro
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Nuestro encuentro continua









Nuestro encuentro continua



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El paso del presente continua el encuentro
de aquella búsqueda hecha desde entonces.
El calendario nos atrapó en su pleno vuelo
y dirigió nuestras huellas hacia el norte,
y el camino presente nos libera desde lejos,
sus nubes paridas propulsan las visiones.
En sucesos descendientes de un pasado muerto
vamos moviendo en nuestros cuerpos los relojes,
de los dorados sueños, de la vida, del tiempo
que retenían en pausa germinadas emociones.
Y florecido, desde la espesura de ese hueco,
cuelga el paisaje iluminando nuestros nombres,
con deseo, ese combustible, esplendor de fuego
tan intenso como el crepúsculo en el horizonte
que nos hacía vibrar en las palmas del comienzo
y hoy nos descubre en un amor sin dimensiones.







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Nancy Santiago Toro
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Hay esos versos...









Hay esos versos...





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Hay esos versos que se escriben con el alma,
los del corazón que graban la tinta de un latido,
los que son arrebatos como ecos de la nada
y esos que prorrumpe la musa de improviso.

Versos enmarañados, los de falsía desprovistos,
los bucólicos, los elegiacos y exultados,
de sensaciones íntimas que vierten y proclaman
emociones, atadas como grilletes en papel escrito.

Versos retóricos, complicados o sencillos,
cargando en línea recta o turbia su objetivo,
con el sentimiento claro, oscuro, vivo o muerto
o adormecido; versos frontales o clandestinos.

Versos que usan las palabras como balas
o como manadas de caricias en suspiros;
versos de la oscuridad o albura del alma
o esos que se hacen esclavos del artificio.

Versos poblados de finados sueños,
aislados en otoños o en calabozos fríos;
sin las miradas, sin abrazos, sin los besos
que dieran a su entorno algún motivo

o si como pétalos agostados y dispersos
se les escuchara algún reclamo adolorido,
por farragosos sesgos que deja el tiempo
sobre un calendario en pasado sumergido.

O esos que llegan como fulgentes luceros,
que nacen para guardarlos, para vivirlos,
porque no conocen de manchas ni sombras,
son los alígeros que alcanzan  el espíritu.

Escritos por embeleso, despecho, rabia,
por desilusión, por amor o por olvido,
pero al final ideas desbocadas que plasman
lo secreto hacia la luz desde el abismo.

Versos, solo versos con voces del infinito,
naciendo del silencio, hablando por sí mismos,
como huellas mentales en murmullo o estallido;
versos eternizando en el tiempo los sentidos.




http://www.mundopoesia.com/foros/temas/hay-esos-versos.438876/




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Nancy Santiago Toro
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