Wednesday, March 18, 2015

Por ti hice


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Por ti hice




Me roza el aliento triste de la tarde
o en reciprocidad agónica se da la entrega,
de tanto amar me hice verso de mi sangre
y colgué los latidos encelados en poemas.
Y hablé desde mi mente intensidades
desde la pequeña semilla hasta su cosecha,
grité el verbo amar para vestir los aires
y recibieran sus ojos, su natural belleza.
A un páramo sin fuerza lo hice bosque
como un milagro de amor a ciencia cierta.
Hice del silencio agudo, rumoroso lenguaje
como tacto de mi alma, mi presencia
y te miré sin distancias para poder tocarte,
y sentir tu rostro sobre el mío sin ausencia.
Hice a mi pensamiento un lecho de amantes
para ofrecerte mis sentidos sin clemencia
y te entregué mi cuerpo con su nombre
sin maquillaje, sin ropaje, en desnudez de seda.
Mas se liberó el ligero río de mi corriente
un rayo del sol una mañana la bebió certera,
en un raudo vuelo se la llevó a su nube
y me hizo lluvia intensa sin vereda.






Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©





Para que no lo olvides







Para que no lo olvides




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Cortaste mi silencio y las palabras
irrumpen explosivas al papel,
arrastran estuoso calor de llamas,
se escriben con la fuerza de un querer.


Para decirte que tú eres mi rumbo fijo;
eres el sentimiento que sustenta al alma,
eres la raíz de todos mis motivos,
eres el norte y sur de mis mañanas.


Que eres el brillo de mis ojos;
fecunda esperanza de mis sueños,
él que me guía a lo más remoto,
para ser tú y yo en este universo.


Para decirte simplemente que te extraño,
que tú eres la melancolía de mis versos,
para dejarte mi huella en un te amo
y lo siembres en tu corazón y el tiempo.


Y si la duda opaca tu mirada
todo esto lo escribiré en el cielo,
para que cada día desde tu ventana

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Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©


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Encuentro en lontananza (Dueto)







Encuentro en lontananza
(Dueto con el poeta Alonso Vicent)











Perdona si aireo mis asuntos,
si canto el verso inseparable de mi cuerpo,
sin voz ni música ni público,
a capela el alma en su destierro.


Perdona tú, si en mi espacio más profundo
tus asuntos son equipaje de mis recuerdos,
sin llevar sonido escucho su paso refinado
al canto de tu alma y me estremezco.


Ayer te tendí un pretérito mudo
y habló por los codos de mi boca,
confesó con lengua y unos labios
sus pinzas, sus cuerdas y su ropa.


Abrigué tu tiempo de silencio agudo,
y caminó tu antaño hasta mi topada,
llegaron tus latidos francos, sin atajos,
como dedos golpeando mi ventana.


Escucho hoy el aroma que trajiste,
mirando el horizonte que te guarda
y encuentro un hueco en el paisaje
que encaja su huella en mi pisada.


Hoy contemplo el camino que tendiste
como alfombra abierta en lontananza
y en un punto equidistante de la superficie
encuentro a tu sombra a la mía atada.


Disculpa esta oreja que te atiende,
estos ojos que sólo ven en la distancia,
estas manos presas de sus brazos,
esta mente que aprendió a volar una mañana.


Te disculpo por rebasar lo que es ausente
sin ojos, sin manos, sin voz en la garganta,
y por dejar en ese vuelo de sentidos indelebles
el leal amplexo de dos vidas... de dos almas.












Autores


Nancy Santiago Toro

Alonso Vicent

Derechos Reservados©







Espera...





Espera…





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Sigue esperando por la caída de las nubes,
que el cielo les de lluvia y traiga tus ofrendas,
que el día a media luz te lleve sus rumores
o que la noche desvista su paso por tu senda.

Espera su caricia encadenada con mi nombre,
el susurro de un te amo con una historia abierta,
a que te busque como un alfiler entre multitudes
o que te haga sentir en la inmensidad como su estrella.

Espera a que su lágrima como luz de vela alumbre
el camino enamorado que evoca una noche entera
o que su risa calurosa encienda pasión en los albores
y que su sueño junto al mío te hable de tu ausencia.

Espera a que su palabra con mi esencia inunde
tu hueco malsano, ese que mendiga su presencia
o que su canto con mi aroma impreso te despierte
y se haga silencio vagabundo, sin mí, en tus riberas.

Espera a su poesía con mi recuerdo en su relieve
sosteniendo en cada verso la nostalgia de mi vida;
espera a que sus ganas te griten otra vez que yo regrese,
para que te des cuenta que el amor no se fabrica.

Espera a que sus ojos conquistados suelten mis temblores,
a que su vida con firmeza no atesore mi memorable huella.
Espera a que su corazón reviente en tu pecho este amore
sediento desde el alma, mientras tu obsesión espera y sueña.








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Nancy Santiago Toro

Derechos Reservados©



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