Sunday, April 26, 2015

Y los fantasmas que descansen







Y los fantasmas que descansen






Hay un fantasma que no descansa,
lleva una cadena de amor en sus talones,
se eleva con un horizonte atado a su alma
y lo vomita hacia la tierra y la noche.

Recuerdo en su cuello un lazo de serpiente,
luego un clasificado suicidio por mis pantalones,
mientras se teñía de tinieblas la alborada
y se paraba la historia en los relojes,
la despedida era moribunda campanada
con silencios escarchados a borbotones;
el adiós indefinido en la inmóvil nada
y en medio del vacío una lápida y su nombre,
el blanco invernal de la ausencia en marcha
que conducía la muerte hacia su bruno bosque.

Yo despedí con prestancia su viaje,
colocando a sus inquietas margaritas,
frescas alelíes y sueños descarnados
en estilosos jarrones de ocre;
una mirada al cielo acompañando la plegaria
y el acostumbrado perdón con bendiciones.
Al voltear había unos brazos de libertad
ofreciendo en sus dedos las opciones,
un rosario de nuevas esperanzas,
ventanas para continuar los resplandores
y la liviana espesura de otras vidas
con presentes madurando otras ilusiones
como frutos exquisitos de mañanas
que se visten con colores más radiantes,
porque el tiempo renueva primaveras,
los árboles tienen derecho a deshojarse,
a mostrar la emoción en cada hoja,
a trasmitir su intimidad al aire
y los fantasmas que descansen.









Nancy Santiago Toro
Derechos Reservados©







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